
Desde nuestra existencia y con el pasar de los siglos el ser humano ha experimentado cambios físicos y mentales, desarrollando infinidad de habilidades pero también de vicios y sentimientos; uno de ellos es la decepción. Si, es una de las fibras más sensibles para nosotros pero ¿A que se refiere?¿Que tanto nos afecta?.
Según la definición del diccionario es el pesar del desengaño. Lo pondré en un caso práctico: Son las altas expectativas que tienes de alguien y el hecho de que no se cumplan generan sentimientos adversos y como consecuencia pueden arrastran al olvido. ¿La culpa? Siempre de los involucrados, por que justamente esa expectativa involucra la voluntad de alguien más y en algunos pocos casos hay circunstancias ajenas que lo impiden, es ahí donde todo se complica.
Debemos respetar siempre la voluntad de la otra persona por más que nos duela siempre y cuando no afecte nuestra integridad. No dejemos todo a la mediocridad pues acabar un asunto repentinamente es hasta cierto punto una cobardía, una manera de huir, a no dar la cara o también a dar una falsa. Al final como lo he dicho, el ser humano es impredecible.
Las decepciones, fracasos y dificultades son momentos de la vida muy sensibles y siempre estarán con nosotros en diferentes magnitudes. Pero si nos detenemos en esos problemas nunca podremos ver alrededor y percatarnos de que los pequeños detalles son los que cuentan, pues justamente las caídas son las que nos sirven para evolucionar, ser más razonables y espirituales.
Mucho está en la reacción, en la forma en como lo superamos y eso es distinto en cada persona, pero lo que si es seguro es en que debemos seguir esa columna vertebral que nos indica por donde debemos ir y si nos desviamos nos estaríamos prestando para cualquier cosa.
Y tampoco es valido que las cosas malas sean un motivo para apagarnos sino lo contrario, debemos seguir dando todo lo que se pueda algún día Dios nos recompensará el doble por nuestro esfuerzo y nuestra fe.
Agradezcamos a todas esas personas que nos decepcionaron o que nos fallaron pues es por ellos que aprendimos a crecer y a hacer las cosas de una manera distinta.
Dejemos de culpar a los demás, nosotros mismos somos los responsables de nuestros éxitos y fracasos. Ni la comunicación ni las relaciones son genéricas, en ellas se tienen que construir valores y eso se logra con el tiempo.
¿Qué tiene que ver esto con nuestra columna de esta semana? Todo, pues la decepción viene desde políticos hasta la familia. Este espacio también tiene un enfoque social y va de la mano a lo escrito hace unas semanas. Inspiración es lo que nos hace falta, busquémosla y cuando la encontremos nunca la dejemos ir.
Así que arriésgate, llora, pelea, habla y vuelvo a decirlo: Da siempre lo más que puedas para que de esa forma puedas estar tranquilo. La vida no es fácil y mientras tus conocimientos aumenten menos lo será, pero tendrás la capacidad de resolver los problemas de una manera adecuada y si te equivocas deberás aprender por que el próximo error será aún más profundo y doloroso sino lo sabes afrontar.
La sociedad mexicana esta harta de mediocridad, de dejar las cosas a medias, de buscar siempre el interés propio y no el común. Jamás lograremos dar un paso adelante si no comenzamos desde casa y si no ampliamos nuestro horizonte.
Somos polvo de estrellas… RG