
Cada vez me sorprendo más de cómo nos dejamos llevar por el intento de obtener poder y cuando se tiene, muy difícilmente se quiere soltar. Ejemplos hay muchos, en todo el mundo y desde hace miles de años hasta nuestros días. Tristemente, la primera imagen que aparece en mi mente es del típico político mexicano.
Estamos a pocos días de ir a las casillas para votar por los nuevos jueces que serán los responsables de impartir justicia en el país. Por primera vez, nosotros seremos parte de la responsabilidad de transformar al Poder Judicial, podrá sonar emocionante y hasta aspiracional, pero no es más que una falacia y estupidez de un gobierno debilitado que aparenta cercanía y solo refleja la indecisión y esperanza en un pueblo que no tiene la menor idea de que hacer, mucho menos las consecuencias que esto va a derivar.
Desde la antigua Grecia, donde comenzaron los primeros indicios de gobernabilidad se tenía clara la idea, controlar a las masas y ver que es lo más conveniente para todos. Las decisiones estaban a cargo de las personas con actitud de servicio e inteligencia. Poco a poco y con el pasar de los años, estos sistemas evolucionaron, a veces para mal y otras tantas para bien.
Existen de muchos tipos: monarquía, dictadura, oligarquías, república, entre algunos otros. Nosotros estamos marcados en esto último especificado, dividido en tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Los primeros dos, se eligen en las urnas, en un sistema democrático, vigilado y organizado por un organismo autónomo, con presupuesto asignado para realizar cabalmente sus funciones.
Sin embargo, ahora las reglas son diferentes. Al INE le fue encomendado la realización de la elección judicial. Una de las muchas diferencias que encuentro contra las elecciones del ejecutivo y legisladores es que se vuelven personas relevantes y observadas, las cuales puedes señalar en caso de alguna irregularidad dentro y fuera de ella.
Pero los nuevos jueces estarán a la sombra del ojo público, son personas que no sabemos si tienen la preparación, agallas, inteligencia, capacidad y que muchos de ellos cargaran con un conflicto de interés con quien les ayude a llegar. Aquí no hay partidos, no hay un filtro. Dejaron la justicia en manos de un pueblo obsesionado con la mentalidad del cangrejo.
No estamos listos para una elección de este tipo, el ciudadano no ha cambiado. Seguimos siendo los mismos de hace siete años.
No olvidemos de donde viene esta reforma, de un expresidente resentido y aunque transmitía carisma, le faltaba lo mismo de decisión. Al momento de aprobar la reforma, el Congreso estaba dividido y un par de votos era la diferencia si la reforma se enviaba al Senado o no. Se vio tan descarado como un diputado de la oposición cambio de bando de último momento dando luz verde a una transformación estúpida. Este es el claro ejemplo que, si dentro del mismo legislativo hubo un conflicto de interés, no quiero imaginar como sera en los tribunales.
La popularidad no significa eficiencia, ojalá nuestra Presidenta lo tenga en cuenta y no olvide las palabras que hizo en su juramento.
RG…