
No temas al tiempo, nadie es eterno. No temas a las heridas, te hacen más fuerte. No temas al llanto, te limpia el alma. No le temas a los retos, te hacen más ágil. No temas a equivocarte, te hacen más sabio y no le temas a la soledad, Dios está contigo siempre.
Francisco
Hace más de una semana perdimos a un ser humano que a pesar de su edad, pudimos darnos cuenta de la cercanía, humildad, visión y, sobre todo, modernidad. Me refiero al papa Francisco, el pastor para más de 1,400 millones de católicos.
Hago énfasis en “modernidad” dado que es un término demasiado fuerte para la Iglesia católica, sobre todo en estos tiempos donde las sociedades se han transformado de manera muy acelerada y drástica.
Su carisma y conocimiento, hizo una iglesia más cercana y abierta a pesar de vivir en un mundo tan corrupto y falto de fe. Aceptó tomar las riendas aún cuando sus últimos dos antecesores (uno de ellos beatificado) pusieron las primeras piedras para ser más universales, pero no nos confundamos con ser abiertos. Por primera vez llegó un papa latinoamericano, con una forma de vida distinta. Un jesuita que dejó atrás tradiciones de cientos de años donde la opulencia y los lujos eran parte de la vida diaria del papado.
Lejos de la figura religiosa, también fue un líder político que era consciente de la crisis del catolicismo y decidió hacer algo más que solo quedarse en Roma. El mundo siente su pérdida, sean católicos o no, siempre se respetó su figura. Fueron doce años de lucha, buscando una paz universal y si, otras tantas de estar del lado neutral. Pero dio un paso adelante con sus reformas y siendo muy hábil y preciso para transmitir sus mensajes llegando no solo a los fieles, sino también a personas que se sentían excluidas de la religión. Sin olvidar que justo esto último, le generó muchos enemigos. He inclusive dentro de la curia romana que cuestionaba sus métodos y aperturas.
Ayer jueves y después de dos días, finalizó el cónclave. Tenemos un nuevo papa. Robert Prevost, un agustiniano de nacionalidad estadounidense y que de ahora en adelante será León XIV. Un cardenal que estaba fuera de todo pronóstico y muy cercano a Francisco.
El nuevo obispo de Roma tendrá un trabajo muy retador, sobre todo cuando el mundo vive guerras e inminentes conflictos que involucran a grandes potencias y que nuevamente tierra santa está en el ojo del huracán. Sin contar el ámbito social que todos querrán saber sobre la postura que tomará. No olvidemos que es el sucesor de Pedro y no de alguien más.
Volvamos… RG